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UNA PLANTA CON DOS TIPOS DE FLORES.

Una investigación realizada en España demuestra cómo la temperatura modifica la expresión de más de 625 genes

Se está investigando el poder de una planta de ofrecernos dos tipos de flores diferentes que dependen de las condiciones de calor del momento.

El hallazgo de estos cambios lo ha realizado un equipo compuesto por investigadores de diferentes entidades académicas españolas. Entre ellos están la Universidad de Granda, la Estación Experimental de Zonas Áridas del CSIS, la Universidad de Vigo, la Pablo Olavide de Sevilla y la Rey Juan Carlos.

El estudio lo firman los científicos José M. Gómez, Francisco Perfectti, Cristina Armas, Eduardo Narbona, Adela González-Megías, Lucía DeSoto y Rubén Torices.

Estos científicos han descubierto que la Moricandia arvensis, conocida como berza arvense o collejón que tiene la peculiaridad de producir flores totalmente diferentes en primavera y verano.

Este fenómeno es debido a las condiciones al calor, que modifica la expresión de sus genes.


Los científicos nos explican que la clave de éste fenómenos se encuentra, en la “plasticidad fenotípica”.

Esto es la capacidad de un genotipo (la información genética), de producir diferentes fenotipos, es decir, su expresión física que son los rasgos de esa especie, en respuesta al cambio de la especie.

“Esta propiedad esencial de los seres vivos, cuyo papel en la adaptación y aclimatación a los cambios ambientales todavía no es completamente conocido” dicen los científicos.

El estudio explica que las altas temperaturas y las mayores horas de luz del verano desencadenan cambios en la expresión de más de 625 genes de esta planta, que provocan el cambio físico.

En primavera, Moricandia arvensis produce flores grandes, en forma de cruz, de color lila y que reflejan los rayos UV. “Estas flores atraen como polinizadores a principalmente abejas grandes de lengua larga”, explican.

Sin embargo, a diferencia de la mayoría de las especies coexistentes, la M. arvensis mantiene la floración durante el seco y caluroso verano del Mediterráneo occidental.

Según explica el catedrático de Genética de la Universidad de Granada, Francisco Perfectti Álvarez, se debe “a su plasticidad en rasgos clave vegetativos y fotosintéticos que ajustan su metabolismo a esas condiciones extremas de temperatura y déficit hídrico”.

En verano pasan a ser blancas, absorbiendo los rayos UV, y atrayendo a un conjunto diferente de polinizadores, compuesto por especies más generalistas.

Este cambio en el conjunto de polinizadores permite a esta planta una reproducción exitosa en condiciones difíciles.

“A la luz de nuestro trabajo, podemos afirmar que la plasticidad fenotípica floral, vegetativa y fotosintética parece que permitirá a M. arvensis enfrentarse a las perturbaciones antropogénicas y al cambio climático”, concluye Perfectti.

Fuente: www.guiaverde.com ( 18/09/2020)

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